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La Reconciliación podrá cambiar la historia de Colombia (por Susana Nuin)

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Posted by Pablo Blanco

La Reconciliación podrá cambiar la historia de Colombia
Dado el magnetismo de reconocimiento recíproco que se dio entre el Pontífice y el pueblo colombiano, pudimos asistir a un verdadero proceso donde cada día creció una profunda adhesión de fe. Los más sencillos corrían para poder saludarlo, para llevarle sus hijos a que los bendijera, siguiéndolo desde el lenguaje de los gestos y de los hechos, entre aquéllos que esperaban sus breves y contundentes discursos. Muchos lo hicieron con alegría, otros tantos con expectativa y porque no decirlo, algunos con desconfianza. El pueblo, así como lo concibe el Vaticano II, integrado por todos, fue, junto al Papa Francisco, el gran protagonista de este veintésimo viaje papal.
 
¿Un hallazgo de Colombia?
El Papa en todos sus discursos confirmó el gran reto, la reconciliación como el camino a recorrer por Colombia, y la reconciliación -podemos agregar- como el camino ya recorrido en parte por Colombia. Sin duda el Papa encontró un terreno arado, -como lo reconoció-, por el dolor y la sangre de décadas de lucha de parte de todos los actores del interminable conflicto[1]. Terreno trabajado antes que nada por las víctimas, esas que anhelan la reconciliación y lo hacen desde la praxis de ofrecer perdón, de considerar la paz valor supremo ante cualquier razonamiento político partidario. No se puede negar que aún en medio de marchas y alguna contra marcha, la Iglesia (entendida en sentido amplio, no solamente jerárquica) también abrió sus puertas a esa metodología tan particular de construir reconciliación, que es la presencia en un mismo escenario de víctimas y victimarios, convocados para reconocerse, más allá de las tremendas heridas existentes en ambos.
Así sucedió en los Diálogos de la Habana, cuando se encontraron víctimas y victimarios, o bien en el trabajo profundo realizado en el interior del país por centros educativos, por la pastoral social, por la comisión de víctimas de la Conferencia Episcopal, en el mundo rural, y en diócesis, y variadas fundaciones. Allí se puso enpráctica otro estilo de camino hacia la paz, un estilo que comprende la justicia y la verdad, pero que no se limita a la dimensión institucional sino que es un encuentro antes que nada entre seres humanos, como lo verificó el sucesor de Pedro. Eso ocurrió y ocurre en Colombia. Es un desafío grande- afirmaba el sucesor de Pedro- pero necesario. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil[1].
 
La experiencia escrita con sangre
Efectivamente en los días de la visita papal pude acompañar un equipo de la televisión europea para realizar entrevistas. La palabra más autorizada la tenían las víctimas. Allí, conversando, escuchando sus testimonios al igual que en el Parque Las Malocas de Villavicencio, se podía constatar, que son víctimas de un conflicto complejo, donde todos los actores -desde las guerrillas a los paramilitares, del narcotráfico a los militares que aún queriendo garantizar el orden y la seguridad muchas veces se equivocaron en el camino, (como ocurrió con los llamados falsos positivos), se entrelazan tristemente en las vidas de las víctimas, con desplazamientos, secuestros, extorsiones, violaciones, despojo de toda pertenencia, en forma increíble, que nos lleva a poder afirmar que nadie salió indemne de esta guerra.
Cómo el Papa Francisco estamos convencidos que Colombia puede ofrecer a América Latina y al mundo un camino nuevo y distinto para resolver los conflictos. Es la larga historia de la humanidad que ha encontrado distintos caminos en distintos momentos. Podemos citar algunos, si pensamos en las dictaduras del Cono Sur de América Latina, o si pensamos en Irlanda o Sud África, unos más acertados que otros, lo cierto es que hasta el momento es novedoso poner en un mismo escenario como lo decíamos antes a víctimas y victimarios con capacidad de perdonarse, de reconciliarse, de reconocerse buscadores de justicia común, de verdad común, con capacidad de salvar la abismal grieta que los divide. Este estilo de encontrar caminos en la resolución del conflicto hacia la reconciliación, es sin duda un enorme hallazgo que Colombia lleva en sus entrañas y si bien muchos con lucidez son plenamente conscientes de esta novedad, de esta perla preciosa, otros se debaten y caminan sin luz por el túnel oscuro de mantenerse en las trincheras de sus concepciones. ¿Será falta de visión y comprensión de esa dimensión cristiana que nos hace a todos miembros de un mismo Cuerpo, aún en el error “imperdonable”? Nos lo recuerda el primer paso dado por Jesús con la redención, que fue como lo afirmaría Santo Tomás de Aquino, para todos. Aún para aquellos que reconocen no tener todavía posibilidad de perdonar, allí el Papa como fruto de su escucha atenta del pueblo recaba de un testimonio la esperanzadora visión del perdón: “Son muchos los que no pueden perdonar todavía, pero hoy recibimos una lección de teología, de alta teología: Dios perdona en mí. Basta dejar que Él haga”[2].
El Papa Francisco centrado en el desafío del Evangelio, sin entrar en componendas con sectores, valorizando sin duda el Estado, y su institucionalización, más allá del gobierno de turno, porque sin este toda acción se vuelve imposible cuando se ha elegido un camino democrático, visualiza este gran horizonte al cual se asoma Colombia. Ve la reconciliación fundada en un nuevo estilo, un nuevo compromiso que ofrece la posibilidad de un crecimiento de la persona y de las comunidades sociales.
 
La poderosa conciencia colectiva
La popularización de la reconciliación fue sin lugar a dudas uno de los efectos más elocuentes de la visita del Papa. Muchas personas en los días siguientes manifestaban haberse sentido liberados, como pueblo, del peso de una deuda social y cultural, muy profunda y muy antigua. Nos referimos a los prejuicios que han marginado muchas veces a los colombianos en el mundo. Ese reconocimiento que se dio entre el Papa y el pueblo, fue operando en el correr de los días, una transformación muy valedera. La reconciliación en esos días pobló los corazones y el imaginario cultural de los colombianos. Sin duda, hay que hacer camino al andar, como bien decía Machado en sus versos, y allí se puede constatar la honestidad con la cual el Papa trató a sus interlocutores, en ningún momento dejo de presentar las dificultades que han estado y que estarán en este camino hacia la paz, los intereses económicos y políticos que constantemente buscarán obstruir la senda a recorrer. Pero animó profundamente a todos con los cuales interactúo, alentó a continuar, a redoblar la comunión en el caso de la Iglesia, a no tener miedo en el caso de los jóvenes[3], a tener una fe actuante callejera en el caso de la vida consagrada[4], sabiendo que, como exhortó en Villavicencio: “en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”[5].
El mensaje del Papa Francisco lleva la propuesta de la reconciliación, un paso adelante, cuando nos permite comprender que víctimas-victimarios son todas víctimas en definitiva. Esta afirmación no justifica al victimario, sino da una mirada más amplia de que los grandes males generan siempre víctimas. Es una visión límpida, de la creatura de Dios, que puesta en condiciones elegidas o aceptadas no siempre opta por lo más humano, lo más fraterno, lo más cristiano. Así desde las lógicas del poder de la derecha y de la izquierda se aplican medidas muchas veces criminales que involucran miles de perjudicados, unos en pos de una ideología, otros en pos de otra ideología. 
Se hace evidente que para una reconciliación posible y madura, es necesario atender, como muy bien lo dijo el Papa con mucho énfasis en su discurso en la Plaza de Armas de la casa de Nariño ante las autoridades públicas, y en el Arzobispado de Bogotá a los señores Obispos: “Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias”[6].
“Colombia tiene algo de original, algo muy original, que llama fuerte la atención: no ha sido nunca una meta completamente realizada, ni un destino totalmente acabado, ni un tesoro totalmente poseído. Su riqueza humana, sus vigorosos recursos naturales, su cultura, su luminosa síntesis cristiana, el patrimonio de su fe y la memoria de sus evangelizadores, la alegría gratuita e incondicional de su gente, la impagable sonrisa de su juventud, su original fidelidad al Evangelio de Cristo y a su Iglesia y, sobre todo, su indomable coraje de resistir a la muerte…” (Papa Francisco a los Obispos Colombianos en el Arzobispado de Bogotá).

[1]Palabras del Papa Francisco en el encuentro de oración por la reconciliación nacional en el Parque las Malocas. Villavicencio. 8 de septiembre de 2017.

[2]Palabras del Papa Francisco dirigidas a una víctima del conflicto que no logra perdonar al enemigo. Ingreso a la Nunciatura Apostólica, la noche del 8 de septiembre de 2017.

[3]Palabras del Papa Francisco dirigido a los jóvenes reunidos en la Plaza de Bolívar. 7 de septiembre de 2017.

[4]Palabras del Papa Francisco en el encuentro con sacerdotes, religiosos/as, seminaristas y sus familias de procedencia. Plaza la Macarena, Medellín. 9 de septiembre de 2017.

[5]Palabras del Papa Francisco en el encuentro de oración por la reconciliación nacional en el Parque las Malocas. Villavicencio. 8 de septiembre de 2017.

[6]Palabras del Papa Francisco en el encuentro con las autoridades en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño, Bogotá. 7 de septiembre de 2017.

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